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La doctora Carmen Gutiérrez, de la Unidad del Sueño del Instituto de Especialidades Neurológicas (IENSA), asegura que “el ritmo de vida que llevamos hoy día provoca que muchas personas acaben padeciendo trastornos del sueño, problema que se ha agravado este último año desde que comenzara la pandemia”. Por ello, destaca la importancia de tener buenos hábitos de descanso para prevenir estas patologías y, en general, por su impacto positivo para la salud.

Gutiérrez explica que “por lo general, todo el mundo ha experimentado problemas para conciliar el sueño durante alguna etapa de su vida. Sin embargo, se considera que una persona padece un trastorno cuando dormimos menos de lo que necesitamos, en exceso o sentimos no tener un sueño reparador a pesar de haber dormido suficientes horas y nos repercute al día siguiente sin que exista otra causa que lo justifique”.

“Un mal descanso puede afectar a la capacidad de concentración, al estado de ánimo o a la realización de las actividades diarias y es en esos casos en los que se debe considerar como una patología específica de sueño, buscar las causas y aplicar un tratamiento”, subraya la especialista de IENSA.

Como recomendaciones para prevenir trastornos, incide en que “algunos de los pilares fundamentales son mantener horarios regulares de sueño, estar activos durante el día, exponernos a la luz solar en las primera horas de la mañana y luz tenue/cálida y oscuridad las horas previas a dormir y durante la noche”. “Un buen descanso -continúa- nos hace estar más lúcidos, más activos, con mejor ánimo, más atractivos, mejora la memoria y nos protege de enfermedades. En general, los beneficios son infinitos”.

“Sueño es salud, por tanto, un mal descanso supone sentirse cansado, con falta de iniciativa, malhumorado, con mayor irritabilidad o mayor dificultad para concentrarse. Si ese mal descanso se mantiene y no se trata adecuadamente, además de estos síntomas también puede tener repercusión a nivel cardiovascular, metabólico y afectar al sistema inmune”, recalca.

Polisomnografía nocturna

Una prueba concluyente para detectar algunas de estas patologías es la polisomnografía nocturna, realizada en los centros de IENSA en Sevilla y Córdoba. Este examen se lleva a cabo, en general, por la noche, mientras el paciente duerme. La hora del ingreso es entre las 21.00-22.00 horas y el alta, entre las 7.00-8.00 horas, sin guardar ayuno y sin ningún tipo de preparación previa.

Durante la misma, se le colocan al paciente unos electrodos en el mentón, el cuero cabelludo y el borde externo de los párpados, así como monitores en el pecho. De esta forma, el sistema registra diferentes variables: la presión arterial, la actividad electroencefalográfica, ocular, muscular, cardiaca y respiratoria. Además, una enfermera supervisa y controla a la persona mientras duerme desde una habitación contigua.

La doctora Carmen Gutiérrez, experta en el conocimiento de la Patología Específica del  Sueño, es la encargada de informar de las vídeo-polisomnografías nocturnas y de la realización de pruebas como la poligrafía respiratoria, test de latencias múltiples o titulación de la presión positiva continua en la vía aérea (CPAP), entre otras.

Sueño en pandemia 

Sobre el impacto de la pandemia en el descanso, según la especialista de IENSA, “dados los cambios de hábitos y horarios, es una realidad que la actividad nocturna de los ciudadanos en general se ha visto afectada. Podemos sacar una parte negativa y otra positiva respecto al sueño durante este periodo”.

En este sentido, Carmen Gutiérrez apunta que “el tiempo en el que estuvimos totalmente confinados fue nefasto para nuestro descanso porque perdimos todos los sincronizadores que necesitamos para estar activos durante el día y dormidos durante la noche. Sin embargo, el toque de queda a las 22.00-23.00 horas y el cierre del ocio nocturno nos ha ayudado a desconectar antes, cenar antes y llevar unos horarios de sueño más regulares”.

“A pesar de este lado positivo, si valoramos en global el periodo de pandemia ha sido claramente perjudicial para nuestro sueño, no solo por la pérdida de sincronizadores sino porque para todos ha sido una época de más estrés, mayor incertidumbre, preocupaciones, aspectos que afectan negativamente al sueño. Desgraciadamente, también ha favorecido que casos leves se hayan intensificado y en el peor de los casos, cronificado”, concluye la doctora.