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El estado cognitivo y funcional de los pacientes con demencia ha empeorado por el confinamiento y las limitaciones derivadas de la pandemia, por lo que las terapias de rehabilitación cobran actualmente más importancia si cabe. Así lo señalan los especialistas del equipo multidisciplinar que se encarga del abordaje de estas patologías en el Instituto de Especialidades Neurológicas (IENSA).

En este sentido, el equipo formado por los neurólogos José Manuel Gata y Celedonio Márquez y la neuropsicóloga Olga Prian constata, tras la evaluación de multitud de casos durante este último año, un empeoramiento clínico que se ha visto reflejado, sobre todo, en personas con deterioro cognitivo leve o pacientes que ya padecían la enfermedad de Alzheimer, aunque también ha afectado a otros tipos de enfermos, como los de Parkinson.

Precisamente, el informe ‘Situación de los pacientes con demencia tras el confinamiento por COVID-19’ -elaborado por la Sociedad Española de Neurología (SEN) en 2020- revela que la totalidad de los especialistas consultados a nivel nacional ha notado el impacto de la situación de alerta sanitaria sobre los enfermos y que más de la mitad de ellos considera que el estado de estas personas es muchísimo peor.

Este empeoramiento se ha visto reflejado, en especial, en casos de demencia moderada (77%) o leve (76%), frente a quienes aún se encuentran en una fase de deterioro cognitivo leve (48%) o con una demencia grave (44,5%). El Alzheimer ha sido la enfermedad más golpeada, aunque también otras demencias como la asociada con el párkinson o por cuerpos de Lewy, o frontotemporal.

Según el citado estudio de la SEN, el impacto de la pandemia sobre los pacientes ha tenido efectos en la evolución de la enfermedad, así como a nivel conductual. Entre los síntomas que han aparecido con más frecuencia, destacan la irritabilidad (casi un 69%), ansiedad (41%) o los trastornos del sueño (38,5%) y la agresividad (36 %), además de la depresión (23%) o los delirios (30%).

“Bajón clínico”

“Estos enfermos están llevando mal la situación debido a que parte de su tratamiento consiste en una estimulación cognitiva, de modo que los parones provocados por la pandemia y la alteración de sus rutinas habituales ha conducido a que muchísimos pacientes que estamos revisando durante este último año hayan dado un bajón clínico”, explica el neurólogo José Manuel Gata.

El doctor Celedonio Márquez añade, por su parte, que la evolución de la enfermedad en estas personas “ha ido a peor”, por lo que “resulta esencial en estos momentos reforzar la atención a los pacientes con demencia a través de las terapias cognitivas, como parte del tratamiento no farmacológico”, con el objetivo de mejorar su calidad de vida, de apoyar a las familias y de facilitar la labor de los cuidadores.

Evaluación neuropsicológica

Para aplicar estas terapias, es necesario detectar el grado de afectación de cada enfermo, para lo que el Instituto de Especialidades Neurológicas cuenta con la evaluación neuropsicológica, destinada a personas mayores en las que se observen problemas de memoria, lenguaje, atención, cambio de carácter o de comportamiento, o cualquier alteración en el funcionamiento cognitivo general.

“Esta evaluación es fundamental para el diagnóstico precoz de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer”, apunta la especialista Olga Prian. “Una vez determinado este perfil, se sabrá, en primer lugar, si hay afectación patológica o no, lo que ayudará al neurólogo a orientar el diagnóstico y el tratamiento con fármacos; y en segundo lugar, permitirá determinar un tratamiento neuropsicológico específico”, precisa.

El tratamiento dependerá de la afectación que exista, de la patología que provocado la alteración y de las características propias del enfermo y de su entorno. “Los objetivos, por tanto, serán distintos pero siempre con el fin de mejorar el funcionamiento neuropsicológico en la medida de lo posible y de fomentar la calidad de vida e independencia del paciente”, resalta Prian.

Terapias específicas

Las terapias se realizan siempre en sesiones individuales. La frecuencia es semanal y la duración dependerá de los resultados de la evaluación neuropsicológica y variará de una persona a otra.

Estas sesiones, que se realizan en paralelo a los tratamientos farmacológicos que el neurólogo haya pautado, se centran en rehabilitación/estimulación de funciones cognitivas, implementación de estrategias compensatorias y/o sustitutorias del déficit, pautas para la familia, técnicas cognitivo-conductuales para las alteraciones emocionales y comportamentales, así como fomento de hábitos de vida saludables.