Montero Quirófano

La epilepsia es un trastorno cerebral que provoca en las personas que la padecen crisis recurrentes, que pueden presentarse en forma de convulsiones, espasmos musculares violentos, ausencias o, incluso, pérdida del conocimiento. Esto se debe a una alteración de la actividad eléctrica que utilizan las neuronas para comunicarse entre sí, enviando al cerebro señales erróneas.

El tratamiento suele ser farmacológico, aunque en los casos resistentes a los medicamentos, lo que se denomina epilepsia refractaria, una de las opciones es el abordaje quirúrgico “con el que se consigue la mejoría en más del 80% de los casos”, según destaca el doctor José Manuel Montero, neurocirujano del Instituto de Especialidades Neurológicas (IENSA).

La incidencia de la epilepsia en España se estima en 50 casos por 100.000 habitantes, lo que supone 20.000 nuevos diagnosticados cada año aproximadamente. Se trata de la segunda enfermedad neurológica más frecuente después de las cefaleas y puede afectar a cualquier persona de cualquier edad, aunque debuta con más frecuencia en la infancia antes del año de vida y en mayores de 65.

El doctor Montero, del equipo de IENSA que trata esta patología y que integran diferentes especialidades debido a su complejidad y formas de detección y tratamiento, indica que desde el punto de vista de la Neurocirugía “ante cualquier intervención siempre se considera si el paciente es refractario al tratamiento farmacológico, es decir, que se han probado diferentes pautas de medicación y la epilepsia no se controla”.

“En estos casos, la cirugía es la opción para estos enfermos. No todos los pacientes que son refractarios a medicación serán candidatos a la operación quirúrgica pero un número importante sí se pueden beneficiar de este tipo de abordaje, con el que se consigue una mejoría en más del 80% de los casos”, recalca el especialista.

El neurocirujano de IENSA señala que antes de la intervención “hay que hacer un estudio para identificar el foco epileptógeno, mediante numerosas técnicas como Vídeo-EEG, evaluación neuropsicológica, RNM, PET o registros invasivos de crisis, entre otros. Una vez se ha identificado, se plantea si se puede resecar la zona sin provocar déficit neurológico”.

Calidad de vida

El doctor José Manuel Montero detalla que “esta cirugía es muy amplia y compleja. En general, consiste en la resección del área del cerebro donde se generan las crisis. Es lo que se denomina el foco epiléptico, que en ocasiones es muy concreto pero en otras es más amplio”.

“En los casos que se curan, el cambio es completo para el enfermo debido a que aumenta su calidad de vida de manera importante y tiene más autonomía. Muchos epilépticos están ‘adaptados’ a tener crisis y como hay muchos tipos, unas se toleran mejor que otras. También hay que destacar que ciertos pacientes, al estar acostumbrados a una compañía constante por parte de la familia, tienen problemas en adaptarse a la nueva situación”, concluye.