Preanestesia

La valoración preanestésica (VPA) antes de una operación quirúrgica tiene como objetivos evaluar a un paciente con el fin de establecer, junto con los cirujanos, la relación beneficio-riesgos de una intervención determinada, proponer e iniciar un tratamiento, así como informar al enfermo y obtener su consentimiento ante el procedimiento.

Como subraya el doctor Ángel Gutiérrez, encargado de la consulta preanestésica en el Instituto de Especialidades Neurológicas (IENSA), este tipo de estudios tienen una “gran importancia” porque “aportan una valoración general del estado de salud del paciente y del riesgo anestésico al que puede ser sometido, para así tomar las medidas oportunas en cada caso”.

También, según añade el especialista anestesiólogo de IENSA, la evaluación es necesaria para dar las indicaciones precisas a cada paciente, como, por ejemplo, suspender alguna medicación con tiempo suficiente, realizar alguna prueba complementaria para añadir al estudio, indicar la importancia del ayuno o prescribir la medicación que debe tomar el día de la cirugía.

La valoración se compone de varias pruebas. Con carácter general, a todos los pacientes se les solicita una analítica básica que contiene hemograma, estudio de coagulación y algunos parámetros bioquímicos, para detectar alguna alteración que haya pasado desapercibida pero que pueda tener importancia a la hora de la intervención. Se realiza, asimismo, un electrocardiograma; mientras que la radiografía de tórax actualmente no se aconseja salvo en casos muy específicos.

Antecedentes médicos

El doctor Ángel Gutiérrez indica que la prueba “más importante” es la entrevista con el paciente, en la que “preguntamos sobre sus antecedentes, para conocer desde las alergias a fármacos, que deberán ser evitados; hasta las operaciones anteriores a las que se haya sometido, que nos darán una idea del contacto previo que haya tenido esa persona con la anestesia general o locorregional”.

“Esto nos proporciona información sobre si estas intervenciones han podido dejar algún tipo de secuela que pueda interferir en el proceso que estamos valorando; por ejemplo, si un paciente ha sido sometido a cirugía de pulmón, saber qué implicaciones puede tener en la próxima anestesia”, explica.

El especialista de IENSA apunta también que “recogemos los antecedentes médicos sobre qué patologías padece y fármacos que toma. Dependiendo de esto, tomaremos algunas actitudes como suspender anticoagulantes o indicar al paciente si debe tomar su mediación el día de la intervención”.

“Actualmente, y debido a la pandemia por coronavirus, reflejamos si el paciente está vacunado o si ha pasado la enfermedad y con qué sintomatología; no es lo mismo un enfermo que haya estado ingresado en UCI con ventilación mecánica que otro que haya tenido mínima sintomatología”, añade.

Además, es muy importante la exploración clínica, sobre todo, cuando el paciente tiene algún antecedente patológico a nivel pulmonar o cardiaco, así como valorar la vía aérea para prevenir la dificultad de intubación y tener dispuestos los medios adecuados.

Nivel de riesgo

“Lo ideal es hacer la valoración preanestésica un par de semanas antes de la intervención, para tener un margen de maniobra por si hay que solicitar alguna prueba nueva o hacer una interconsulta a otro especialista para que valore determinadas situaciones patológicas (cardiólogo, hematólogo, neumólogo, etcétera)”, señala el doctor Gutiérrez.

“Dependiendo del estado de salud del paciente se le asigna un nivel de riesgo anestésico. En los pacientes sanos, sin ninguna patología, el estudio puede ser más próximo a la cirugía y puede tener una validez de 3 meses. En aquellos con patologías importantes interesa hacerlo con más tiempo, por si hay que solicitar otras pruebas, y tiene una validez más corta, teniéndose que revaluar al mes si se va a realizar otra intervención”, concluye el especialista.